familia · papá · números

El cuaderno de mi papá

Mi papá apuntó cada gasto de la casa durante treinta y seis años. Leí sus cuadernos en una noche y encontré cosas que ninguna columna dice.

Foto: edinburghcityofprint · CC BY 2.0

Mi papá llevó un cuaderno de gastos desde 1979 hasta el mes antes de morir. No uno: once, de pasta dura, todos iguales, con un forro de plástico que él mismo les ponía. Mi mamá los guardó en una caja de zapatos que estuvo once años arriba del ropero, y hace dos semanas, cuando le ayudé a vaciar el cuarto porque se va a vivir con mi hermana Lupe, la caja me cayó prácticamente en la cabeza. Hay cosas que tienen sentido del humor.

Me los traje. Mi mamá dijo "llévatelos tú, que eres el de los números", con un tono que no supe si era cariño o una forma de quitarse un pendiente. Probablemente las dos.

Lo que hay adentro

Son columnas. Fecha, concepto, cantidad. Su letra es de las de antes, inclinada y apretada, con los sietes cruzados. Nunca usó la palabra "varios". Cada peso tiene nombre. "Tortillas, 2 kg." "Camión Carlos escuela." "Zapatos Lupe (los negros)." "Refresco domingo." "Medicina mamá." Así, sin artículos, como telegrama.

He revisado miles de libros contables en mi vida. Sé leer un balance como otros leen el periódico. Pero nunca había leído uno en el que salía yo.

Salgo bastante. En 1988 hay una entrada que dice "Bicicleta Carlos (Reyes)" y una cantidad que, haciendo la conversión mental, era casi media quincena suya. Me acuerdo de esa bicicleta. Era roja y le faltaba un pedal desde el primer mes porque la dejé tirada en la calle. No me acuerdo de que costara nada. Uno de niño cree que las cosas aparecen.

En 1995 hay un hueco de tres meses donde casi no hay entradas, solo lo indispensable, y luego una línea que dice "préstamo compadre Toño" y, meses después, "pago compadre Toño (último)". Yo tenía doce años. No me enteré de nada. Ahí, entre "gas" y "tortillas", estaba la crisis entera, y mi papá la había metido en dos renglones para que nosotros no la viéramos.

Lo que no dice

Lo raro de un cuaderno de gastos es todo lo que no dice. No dice si ese domingo con refresco fue bueno. No dice qué sintió cuando le pagó lo último al compadre. De mi mamá no dice nada más que "medicina mamá" en 2003, muchas veces, y luego ya no, porque se curó, y eso tampoco lo dice. Lo sé yo porque estuve.

Y sin embargo dice muchísimo. Te dice qué era importante cuando no alcanzaba para todo. En los meses flacos nunca desaparece "camión Carlos escuela". Desaparece el refresco, desaparece algo que dice "cerveza (2)", desaparece el periódico del domingo. La escuela no.

Me quedé una noche entera leyéndolos en la mesa de la cocina, con un café que se enfrió y un pan que horneé esa tarde y no me comí. Esa mesa es la misma donde mis hijas hacen la tarea cuando están conmigo. Pensé en eso un buen rato.

Mi propio cuaderno

Yo no llevo cuaderno. Tengo una app que categoriza todo sola y me manda notificaciones de que gasté 23% más en "restaurantes" este mes, lo cual es mentira, porque las tortas ahogadas de los domingos con las niñas no son restaurante, son tradición.

Pero desde esa noche ando pensando qué diría mi app si alguien la leyera dentro de treinta años. Diría "harina 10 kg" muchas veces. Diría "pensión" cada mes, que es una palabra fea para una cosa que hago con gusto. Diría "Spotify familiar" y "uniforme Ximena" y, desde hace poco, "examen de manejo Renata" (de eso ya escribí en Renata al volante). Diría, me imagino, que hubo meses flacos y que en esos meses algunas cosas nunca desaparecieron.

Me compré un cuaderno de pasta dura. Todavía no escribo nada en él. Está en el cajón de la cocina, con su forro de plástico puesto, que me costó más trabajo del que pensaba. Mi papá lo hacía en dos minutos. Yo tardé veinte y quedó con una burbuja.

Escrito por

Carlos Méndez

  • 44 años
  • Contador y panadero de sábado
  • Guadalajara, Jalisco

Contador entre semana, panadero los sábados, papá todo el tiempo (o casi). Más sobre mí →